El Retorno a una promesa tecnológica
Al analizar el planteamiento de Marqués en su artículo, es inevitable sentir una especie de nostalgia digital. En aquel entonces, Internet se perfilaba como una frontera incipiente, una promesa que generaba la duda de si realmente estaríamos ante un nuevo paradigma educativo. Hoy, mi reflexión busca confrontar esas premisas con la praxis educativa contemporánea para determinar si el autor fue un visionario o si la realidad desbordó sus expectativas.
1.
La Vigencia de Marqués: ¿Conceptos actuales o superados?
Es
sorprendente notar que las ideas fundamentales de Marqués mantienen una
vigencia estructural. Sus pilares sobre el uso de la red para la comunicación,
la formación y el acceso a la información siguen siendo el núcleo de la
educación digital. Su intuición sobre una educación más descentralizada se ha
materializado con la explosión de los aprendizajes en línea.
Sin
embargo, desde mi perspectiva considero que el autor se quedó "corto"
en cuanto a la profundidad del impacto. En 2001, era casi imposible dimensionar
fenómenos actuales como:
- La
interactividad de alto nivel que permiten las plataformas Web.
- La
omnipresencia de los dispositivos móviles, que eliminan las barreras
espacio-temporales del aula.
- El
papel de la Inteligencia Artificial y la analítica de datos en la
personalización extrema del aprendizaje.
2.
21 años de evolución: ¿transformación o expansión?
Al
evaluar si Internet ha cambiado, concluyo que su esencia se ha profundizado,
pero su infraestructura y alcance han mutado drásticamente:
- En
qué medida SÍ ha cambiado:
Hemos transitado del consumo pasivo de información a la creación activa.
La democratización de la creación de contenidos (blogs, wikis y redes
sociales, entre otros) ha convertido al estudiante en un prosumidor
educativo. Además, pasamos de la conexión dial-up a la ubicuidad
total del 5G y la fibra óptica.
- En
qué medida NO ha cambiado:
La brecha digital persiste como un desafío global, tal como Marqués
anticipó. Asimismo, la necesidad de una curación crítica de contenidos es
hoy más vital que nunca debido a la infoxicación y la desinformación.
3.
Una experiencia personal: la red como columna vertebral.
Considero
que mi trayectoria académica es un testimonio de esta evolución. Si bien en mis
inicios Internet era un simple repositorio para consultas rápidas, hoy se ha
convertido en la columna vertebral de mi aprendizaje, ¿de qué manera? Gracias a
la red, he podido:
- Participar
en formación en tiempo real, mediante videoconferencias y documentos
compartidos.
- Acceder
a bases de datos globales y bibliotecas digitales que rompen cualquier
límite geográfico.
- Gestionar
mi propio ritmo de estudio a través de tutoriales y comunidades de aprendizaje.
Conclusión:
el nacimiento de un ecosistema, no solo una herramienta
Respondiendo
a la pregunta de Marqués: Sí, estamos ante un nuevo paradigma. No se trata solo
de usar Internet en clase, sino de que la red es ahora el ecosistema principal
donde ocurre la educación. El rol del docente ha mutado de ser el poseedor del
saber a ser un facilitador y guía en este vasto océano de conocimiento. Hemos
pasado de una instrucción rígida a un modelo híbrido, centrado en el
estudiante, flexible y global.

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