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viernes, 22 de mayo de 2026

 


Biagnery Camacho


Diálogo con Pere Marquès (2001) sobre Internet y Educación

Cuando Pere Marquès escribió su artículo en 2001, Internet era todavía un territorio en construcción. No existían las redes sociales (Facebook apareció en 2004), YouTube se lanzó en 2005, y la enseñanza virtual se limitaba a plataformas rudimentarias y correos electrónicos. Para Marquès, Internet era, sobre todo, un océano de información y un canal de comunicación que prometía democratizar el saber.

Él definía sus usos educativos en varias claves:

·         Fuente de recursos infinitos (bibliotecas, bases de datos, tutoriales).

·         Medio de comunicación (correo electrónico, foros, chats).

·         Soporte para trabajo colaborativo (proyectos en red).

·         Escenario para nuevas metodologías (autoaprendizaje, aprendizaje por descubrimiento).

Su optimismo era palpable: Internet podía romper las paredes del aula, personalizar el ritmo de aprendizaje y convertir al alumno en protagonista activo. Pero también advertía riesgos: información caótica, desorientación, brecha digital y la necesidad urgente de un nuevo rol docente.

Hoy, me siento a dialogar con él. No para hacerle un resumen de su texto, sino para confrontar sus predicciones con mi experiencia vivida. ¿Fue un visionario? ¿Se quedó corto? ¿El problema que él planteó era el correcto, o hemos descubierto otros más profundos?

¿Las ideas del autor son actuales? El fantasma de la "bimodalidad"

La primera sorpresa al leer “Usos educativos de Internet” es descubrir que no ha envejecido mal, sino que ha envejecido de forma incómodamente vigente. Marquès acuñó conceptos como la “bimodalidad” (presencial/virtual) y habló de los cambios de rol de profesor y alumno-2-5.

Hoy, parece que estamos redescubriendo la rueda con debates sobre “híbrido” o “remoto”. Él ya planteaba que el marco de aprendizaje era distinto: virtualidad, nuevos materiales, nuevos roles. Es actual porque el problema de fondo sigue sin resolverse: no basta con tener la tecnología, hay que saber usarla con pedagogía.

Yo creo que él no anticipó la mercantilización salvaje del dato ni la sobrecarga cognitiva que viviríamos. Habla de la abundancia de información como un posible bloqueo-1, pero se queda corto. No imaginó que los algoritmos no solo nos darían información, sino que nos encerrarían en burbujas de filtro, dificultando aún más la tarea del educador que intenta enseñar a pensar críticamente.

¿Qué ha cambiado en Internet en 21 años? La pérdida de la inocencia

Marquès describió Internet como un ágora global: acceso a información, comunicación inmediata, difusión de datos-1-5. En esencia, la funcionalidad bruta es la misma, pero el alma de Internet ha cambiado.

·         Lo que SÍ ha cambiado: La ubicuidad. Marquès hablaba de acceder desde casa o el cibercafé. Hoy llevamos Internet en el bolsillo. La educación ya no es solo "estar conectado", es la microaprendizaje constante a través de TikTok, YouTube o WhatsApp. El autor no pudo prever que el principal rival de la escuela no sería el aburrimiento, sino la distracción hiperestimulante del feed infinito.

·         Lo que NO ha cambiado: La brecha digital. El autor ya advertía sobre los marginados de la nueva sociedad-1. 21 años después, esa brecha persiste, aunque ha mutado. Ya no es solo "tener o no tener ordenador", es tener la competencia digital para discernir. La predicción de Marquès sobre el "analfabeto funcional"-1 es hoy una realidad absoluta, pero el problema no es técnico, es humano.

Mi experiencia con "Internet y Educación": Entre la utopía y el cansancio

Si tuviera que dialogar con el profesor Marquès sobre mi experiencia, le diría: “Profesor, usted tenía razón en el diagnóstico, pero subestimó la fatiga”.

La educación mediada por Internet ha generado una paradoja terrible: estamos hiperconectados pero más solos en el proceso de aprender. En 2001, Marquès defendía la comunicación sincróna y asincróna. En mi experiencia, el correo electrónico y los foros que él alababa han sido reemplazados por 300 mensajes de WhatsApp en un grupo de clase, donde el ruido supera a la señal.

Él decía que Internet permite un mayor control del trabajo por parte del estudiante-5. Mi reflexión es que, en realidad, Internet nos ha quitado el derecho al aburrimiento, que es el caldo de cultivo de la creatividad. Ahora, el alumno (y el profesor) está siempre "disponible", siempre "produciendo".

Mi experiencia me dice que trajo dependencia. La educación del futuro no está en más pantallas, sino en aprender a desconectarnos estratégicamente para volver a conectar con el conocimiento profundo.

Así que, gracias, Marquès. Por señalarnos el camino. Pero el nuevo paradigma que viene no es solo "enseñar con Internet", sino "enseñar a vivir a pesar de Internet".

#PMD-202625 #bzcamacho.11 #Investigación y desarrollo 


Diseño de Recursos Digitales Educativos. Una mirada desde Posada y Prieto (2013)

Biagnery Camacho

Introducción

Cuando hablamos de integrar tecnología en el aula, el error más frecuente es pensar que un recurso digital se reduce a "subir el mismo contenido de siempre a una pantalla diferente".

La producción de medios digitales educativos exige un enfoque profundo, estructurado y, sobre todo, pedagógico.

Fernando Posada Prieto, referente en el ámbito de la tecnología educativa desde el blog canalTIC.com, ha sistematizado a lo largo de su trayectoria una serie de principios clave para el diseño de recursos digitales educativos -2. En coautoría con Prieto (2013), propone una visión que trasciende lo meramente técnico para adentrarse en lo didáctico, lo ergonómico y lo experiencial.

Este artículo explora los fundamentos de su propuesta y cómo aplicarlos en la producción de medios digitales con sentido educativo.

La base de todo: el contexto de uso

Posada y Prieto son claros al señalar que el diseño de un recurso digital educativo no puede hacerse en el vacío. El punto de partida obligado es el contexto de aula -1. No se trata de crear materiales bonitos que queden bien en un repositorio, sino de pensar en situaciones reales de aprendizaje:

 ¿Cada estudiante usará su propio dispositivo (modelo 1:1)?

·         ¿El docente podrá ejercer su rol de facilitador?

·         ¿El recurso funcionará tanto en el aula como en casa?

La diferencia entre un recurso educativo efectivo y uno que termina en el olvido radica en haber respondido estas preguntas antes de escribir la primera línea de código o diseñar la primera pantalla.

¿Qué contenidos merecen ser digitalizados?

Un aporte central del enfoque de Posada y Prieto es que no todo contenido curricular amerita un recurso digital. Proponen cinco criterios para seleccionar qué vale la pena transformar :

Adecuación        ¿Para qué tramo educativo y área va dirigido?

Idoneidad           ¿Este contenido se trabaja mejor con tecnología que con medios tradicionales?

Prioridad             ¿Estamos abordando enseñanzas mínimas o contenidos centrales?

Necesidad          ¿Existe una carencia real (falta de motivación, dificultad de comprensión) que este recurso pueda solucionar?

Interactividad   ¿El contenido permite al alumno tomar decisiones y ver consecuencias?

El último punto es especialmente relevante. Si un recurso digital se limita a simular un libro con páginas que pasan (lo que podríamos llamar un "PDF disfrazado"), difícilmente justifica su existencia frente al libro en papel. Las siete características de un buen recurso digital educativo

Tomando como referencia la experiencia de usuario, Posada y Prieto identifican siete cualidades esenciales que debe reunir todo recurso educativo digital -1:

 1. Multimedia

No se trata de saturar el recurso con efectos, sino de aprovechar las prestaciones del medio para ir más allá del texto y la imagen estática. El audio, el vídeo y la animación permiten:

2. Interactividad

La interactividad es el corazón del recurso digital. No es un adorno, es lo que lo diferencia de cualquier material analógico. Una buena interactividad permite:

3. Accesibilidad

Un recurso digital educativo debe ser accesible en tres niveles -1:

4. Flexibilidad

El recurso debe poder utilizarse en múltiples situaciones: clases ordinarias, apoyos específicos, horario lectivo o extraescolar, trabajo individual o colaborativo. Un recurso rígido en sus condiciones de uso es un recurso condenado al desuso.

5. Modularidad

El diseño modular permite extraer partes del recurso y reutilizarlas en diferentes itinerarios de aprendizaje. ¿Cuántas veces hemos querido usar solo una animación de un paquete completo? La modularidad hace esto posible.

6. Adaptabilidad y reusabilidad

El profesorado debe poder personalizar el recurso. Un ejemplo práctico: un cuestionario donde se puedan modificar fácilmente las preguntas y respuestas es mucho más reutilizable que uno cerrado.

7. Interoperabilidad y portabilidad

El recurso debe venir acompañado de una ficha de metadatos (objetivos, nivel, contenidos, sugerencias de uso) que facilite su catalogación en repositorios y su búsqueda por parte de otros docentes. Además, debe elaborarse respetando estándares que permitan su integración en distintos sistemas, incluso en entornos sin conexión a Internet.

Reflexión final

La propuesta de Posada y Prieto (2013) nos recuerda algo fundamental: los recursos digitales educativos no son fines en sí mismos, son medios para experiencias de aprendizaje más ricas. Su enfoque, centrado en el contexto de aula, la justificación curricular y las características técnicas y pedagógicas del recurso, ofrece un marco sólido para cualquier proyecto de producción de medios digitales.

En un momento donde la tecnología educativa avanza rápidamente (inteligencia artificial, realidad aumentada, entornos inmersivos), estos principios se vuelven más vigentes que nunca. Porque la pregunta no es "qué tecnología usar", sino "cómo diseñar experiencias que realmente ayuden a aprender".

Referencia

Posada Prieto, F. (2013). Diseño de recursos digitales educativos. canalTIC. Recuperado de https://canaltic.com/blog/?p=889