Biagnery Camacho
Diálogo con
Pere Marquès (2001) sobre Internet y Educación
Cuando Pere Marquès escribió su artículo en 2001,
Internet era todavía un territorio en construcción. No existían las redes
sociales (Facebook apareció en 2004), YouTube se lanzó en 2005, y la enseñanza
virtual se limitaba a plataformas rudimentarias y correos electrónicos. Para
Marquès, Internet era, sobre todo, un océano de información y un canal de comunicación que
prometía democratizar el saber.
Él definía sus
usos educativos en varias claves:
·
Fuente de recursos infinitos (bibliotecas, bases de datos,
tutoriales).
·
Medio de comunicación (correo electrónico, foros, chats).
·
Soporte para trabajo colaborativo (proyectos en red).
·
Escenario para nuevas metodologías (autoaprendizaje, aprendizaje por
descubrimiento).
Su optimismo era
palpable: Internet podía romper las paredes del aula, personalizar el ritmo de
aprendizaje y convertir al alumno en protagonista activo. Pero también advertía
riesgos: información caótica, desorientación, brecha digital y la necesidad
urgente de un nuevo rol docente.
Hoy, me siento a
dialogar con él. No para hacerle un resumen de su texto, sino para confrontar
sus predicciones con mi experiencia vivida. ¿Fue un visionario? ¿Se quedó
corto? ¿El problema que él planteó era el correcto, o hemos descubierto otros
más profundos?
¿Las ideas
del autor son actuales? El fantasma de la "bimodalidad"
La primera sorpresa al leer “Usos
educativos de Internet” es descubrir que no ha envejecido mal, sino que ha envejecido de forma incómodamente
vigente. Marquès acuñó conceptos como la “bimodalidad”
(presencial/virtual) y habló de los cambios de rol de profesor y alumno-2-5.
Hoy, parece
que estamos redescubriendo la rueda con debates sobre “híbrido” o “remoto”. Él
ya planteaba que el marco de aprendizaje era distinto: virtualidad, nuevos
materiales, nuevos roles. Es
actual porque el problema de
fondo sigue sin resolverse: no basta con tener la
tecnología, hay que saber usarla con pedagogía.
Yo creo que
él no anticipó la mercantilización
salvaje del dato ni la sobrecarga
cognitiva que viviríamos. Habla de la abundancia de información
como un posible bloqueo-1, pero se queda corto. No imaginó que los algoritmos no solo
nos darían información, sino que nos encerrarían en burbujas de filtro,
dificultando aún más la tarea del educador que intenta enseñar a pensar
críticamente.
¿Qué ha cambiado en Internet en 21 años? La pérdida de
la inocencia
Marquès describió Internet como un
ágora global: acceso a información, comunicación inmediata, difusión de datos-1-5. En esencia,
la funcionalidad bruta es la misma, pero el alma de Internet
ha cambiado.
·
Lo que SÍ ha cambiado: La ubicuidad. Marquès hablaba de acceder
desde casa o el cibercafé. Hoy llevamos Internet en el bolsillo. La educación
ya no es solo "estar conectado", es la microaprendizaje constante a través de TikTok, YouTube
o WhatsApp. El autor no pudo prever que el principal rival de la escuela no
sería el aburrimiento, sino la distracción hiperestimulante del feed infinito.
·
Lo que NO ha cambiado: La brecha digital. El autor ya advertía
sobre los marginados de la nueva sociedad-1. 21
años después, esa brecha persiste, aunque ha mutado. Ya no es solo "tener
o no tener ordenador", es tener la competencia digital para
discernir. La predicción de Marquès sobre el "analfabeto funcional"-1 es
hoy una realidad absoluta, pero el problema no es técnico, es humano.
Mi
experiencia con "Internet y Educación": Entre la utopía y el
cansancio
Si tuviera
que dialogar con el profesor Marquès sobre mi experiencia, le diría: “Profesor,
usted tenía razón en el diagnóstico, pero subestimó la fatiga”.
La educación
mediada por Internet ha generado una paradoja terrible: estamos hiperconectados pero más solos en el
proceso de aprender. En 2001, Marquès defendía la comunicación
sincróna y asincróna. En mi experiencia, el correo electrónico y los foros que
él alababa han sido reemplazados por 300 mensajes de WhatsApp en un grupo de
clase, donde el ruido supera a la señal.
Él decía que
Internet permite un mayor control del trabajo por parte del estudiante-5. Mi reflexión es que, en realidad, Internet nos ha quitado el derecho al
aburrimiento, que es el caldo de cultivo de la creatividad. Ahora, el
alumno (y el profesor) está siempre "disponible", siempre
"produciendo".
Mi
experiencia me dice que trajo dependencia. La educación del futuro no está en
más pantallas, sino en aprender a desconectarnos estratégicamente
para volver a conectar con el conocimiento profundo.
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