Cuando leí el artículo de Pere Marquès Graells, "Usos educativos de Internet. ¿Hacia un nuevo paradigma de la enseñanza?", me di cuenta de lo diferente que debió ser experimentar la llegada de Internet en 2001. Como alguien que ha crecido con acceso constante a la red, nunca había reflexionado tanto sobre cómo esta herramienta ha moldeado la educación. Sin embargo, al comparar las ideas del autor con mi propia experiencia, me sorprendió lo mucho que siguen siendo válidas y, al mismo tiempo, lo que han dejado fuera.
¿Son actuales las ideas del autor?
Debo admitir que muchas de las ideas de Marquès me parecieron sorprendentemente vigentes. La manera en que describe las funciones de Internet (como fuente de información, medio de comunicación y herramienta de soporte didáctico) sigue siendo esencial en la educación actual. Por ejemplo, cuando habla de cómo los estudiantes pueden investigar temas en línea o colaborar con compañeros de otros lugares, me hizo pensar en una experiencia personal.
Recuerdo una vez, en mi primer semestre de universidad, cuando trabajé con compañeros de diferentes ciudades en un proyecto sobre aprendizaje intercultural. Usamos Google Drive, Zoom y hasta un grupo de WhatsApp para coordinar todo. En ese momento no me di cuenta de lo fácil que Internet hacía algo que habría sido impensable hace dos décadas. Sin embargo, al leer el artículo, entendí que esa colaboración no solo es resultado de la tecnología, sino también de una mentalidad más global que Internet ha fomentado.
Por otro lado, sentí que el autor no abordaba a profundidad un tema que hoy es crucial: la personalización del aprendizaje. Herramientas como Duolingo o Khan Academy, que se adaptan a tu ritmo y necesidades, representan una evolución que Marquès no podía prever, pero que hoy marca una gran diferencia en cómo aprendemos.
¿Qué tanto ha cambiado Internet en 22 años?
El Internet de hoy es tan distinto al que describe Marquès, pero, curiosamente, algunos aspectos siguen siendo iguales.
Lo que ha cambiado:
Cuando el autor habla de foros y correos electrónicos como herramientas innovadoras, no pude evitar reírme un poco. Hoy, usamos plataformas como Google Meet, Moodle o incluso Zoom para nuestras clases, y los foros parecen cosa del pasado. Sin embargo, el principio sigue siendo el mismo: Internet conecta, permite colaborar y amplifica el alcance de la educación.
Lo que sigue igual:
El autor también menciona problemas que, lamentablemente, no han desaparecido. Por ejemplo, la dificultad de encontrar información confiable. Esto me recordó un trabajo de investigación en el que pasé horas filtrando artículos de dudosa calidad hasta encontrar algo útil. En ese momento, me sentí frustrada, pero ahora entiendo que esa habilidad para evaluar fuentes es una de las competencias más importantes que Internet nos exige.
Mi experiencia con Internet y Educación
Internet ha sido una constante en mi educación, pero no siempre ha sido perfecto. Por un lado, ha sido mi salvavidas en momentos críticos. Recuerdo una noche antes de un examen cuando no entendía un tema complicado de fonología. Encontré un video en YouTube que lo explicaba de forma tan clara que sentí que un peso enorme se me quitaba de encima. Sin ese recurso, probablemente habría entrado al examen mucho más insegura.
Por otro lado, Internet también tiene su lado complicado. Más de una vez, me he distraído viendo redes sociales mientras supuestamente "estudiaba." Esa facilidad para acceder a todo, incluyendo distracciones, puede ser una barrera si no la manejas con disciplina.
Después de reflexionar sobre lo que Marquès planteó hace 22 años, creo que tenía razón al imaginar un cambio en la educación gracias a Internet. Sin embargo, creo que el "nuevo paradigma" es más un proceso continuo que un punto de llegada.
Hoy, como estudiante universitaria, y futura profesora, veo cómo Internet ha ampliado nuestras posibilidades de aprender y colaborar. Sin embargo, también me doy cuenta de que aprovecharlo al máximo requiere habilidades que no se enseñan lo suficiente, como la gestión del tiempo o la capacidad de discernir entre información confiable y falsa.
Para mí, Internet no solo es una herramienta; es un reflejo de cómo queremos aprender y enseñar. Si bien hemos avanzado mucho desde 2001, todavía hay mucho por mejorar para que esta herramienta sea realmente inclusiva y transformadora.